🥇 Organizamos Catas y Talleres desde 2009

🍷 Especialistas en catas y talleres divertidos

Cuando el vino rompe el hielo mejor que cualquier dinámica de grupo

Llevas tres años organizando el mismo escape room, el mismo torneo de pádel por equipos, la misma sesión de post-its de colores. Y el lunes siguiente el equipo sigue sin hablar en la cafetería. Una cata de vino de empresa consigue en hora y media lo que ninguna dinámica de grupo diseñada para «romper el hielo» logra: que la gente hable sin que nadie se lo pida.

 

Qué es una cata de vino de empresa y en qué se diferencia de una dinámica de grupo

Una cata de vino de empresa es una actividad guiada por un sumiller o catador profesional en la que un grupo de compañeros prueba varias referencias de vino siguiendo un recorrido pensado para generar conversación, no solo para transmitir conocimiento técnico. La diferencia con una dinámica de grupo al uso está en el diseño: una dinámica clásica declara su objetivo desde el primer minuto —“vamos a trabajar la confianza del equipo”— y eso, paradójicamente, hace que la gente se ponga en modo actuación. En una cata nadie llega sabiendo qué va a decir, y por eso lo que sale es real. Nadie ha ensayado su frase en el espejo esta mañana.

En Lo Catamos llevamos desde 2009 organizando catas de este tipo, con más de 5.000 actividades realizadas entre empresas, agencias y equipos de todos los tamaños. En ese recorrido hay un patrón que se repite con una regularidad casi cómica: en la primera copa el grupo cata en silencio, algo cohibido, mirando de reojo lo que anotan los demás. Para la segunda, ya ha empezado a hablar. Para la tercera, se ríe. No hace falta ningún moderador que lo fuerce, ni una pizarra con las normas del juego.

Eso es lo que convierte una cata de vino para empresa en algo distinto a la mayoría de las actividades pensadas para «unir al equipo»: no necesita que nadie se comprometa públicamente a participar. La participación ocurre porque el formato la hace casi inevitable —nadie ha tenido que levantar la mano.

 

Por qué las dinámicas de grupo clásicas fuerzan la conexión y el vino no

Piensa en las dinámicas de grupo más habituales de un offsite de empresa: presentarte con un adjetivo que empiece por la misma letra que tu nombre, contar una anécdota personal delante de veinte compañeros, formar equipos para ganar un juego con puntos y clasificación final. Todas comparten un problema estructural: exigen que la persona se exponga antes de sentirse cómoda haciéndolo. Y exponerse bajo mandato no genera confianza, genera cumplimiento —la versión corporativa de sonreír en la foto de grupo.

¿Cuántas veces has visto a alguien decir su adjetivo en voz baja, deseando que la ronda termine cuanto antes? Ese tipo de dinámica no rompe el hielo: lo endurece, porque convierte un momento que debería ser relajado en una prueba social con público. Las actividades competitivas —el karting, el escape room con marcador, el pádel por parejas— tienen el mismo problema desde otro ángulo: reproducen jerarquías. El que juega bien sigue quedando bien. El que no, pasa el rato intentando no hacer el ridículo. Ni el que gana ni el que pierde acaban hablando más de lo que hablaban antes de empezar.

La cata funciona distinto porque no hay nada que ganar ni ningún guion que seguir. Nadie tiene ventaja previa por su cargo ni por su antigüedad. Hay una copa, una pregunta abierta —¿qué notas tú?— y el silencio incómodo de encontrar las palabras, que resulta ser mucho menos incómodo cuando todo el mundo lo está pasando a la vez.

 

El momento exacto en que el hielo se rompe en una cata

Hay un instante que se repite en prácticamente todas las catas que organizamos, y merece la pena describirlo porque explica el mecanismo entero. El sumiller presenta el vino con información mínima —variedad, procedencia, el porqué de esa elección— y después hace la pregunta que lo cambia todo: «¿Qué te dice a ti?»

Ahí se produce una pausa. Algunas personas miran la copa como si fuera a responderles ella. Otras esperan a que hable alguien más para no ser las primeras en equivocarse, aunque en una cata no existe realmente equivocarse. Y entonces alguien lo dice: «A mí me recuerda a mermelada de mora» o «esto huele a la bodega de mi abuelo». Y en cuanto una persona lo dice en voz alta, las demás dejan de callarse lo que estaban pensando.

Ese es el punto de inflexión. No es la primera copa ni el brindis inicial: es la primera vez que alguien comparte una percepción sin filtro y descubre que nadie se ríe de ella, salvo con cariño. A partir de ahí, la conversación ya no necesita ayuda. Se sostiene sola, salta de la copa al tema que sea y en algún momento deja de hablar de vino del todo. Eso —no el vino en sí— es lo que estabas buscando cuando decidiste organizar algo para el equipo. El vino solo ha sido la excusa con más glamour que un post-it.

 

Qué necesita RR. HH. para que la cata funcione como rompehielos de verdad

No todas las catas de vino consiguen este efecto por defecto. Hay condiciones que ayudan, y desde el departamento de RR. HH. se pueden controlar casi todas sin esfuerzo.

La primera es el tamaño del grupo respecto al espacio: una sala demasiado grande diluye la energía; una demasiado pequeña genera la sensación de estar apretados y observados. El punto intermedio suele ser el más productivo para que la conversación circule.

La segunda condición es el momento en la agenda. Una cata como actividad aislada, sin nada antes ni después, funciona bien. Pero también rinde especialmente como apertura de una jornada más larga —presentaciones, comida de equipo, cierre de año— porque activa al grupo justo cuando todavía está frío y con ganas de una excusa para hablar con alguien que no sea su equipo directo de siempre.

La tercera es dejar que el catador dirija sin que nadie de RR. HH. tenga que hacer de animador. Esto libera a la persona organizadora de un peso que suele generar bastante estrés: no hace falta preparar dinámicas de grupo para equipos ni tener un plan B si la conversación decae, porque el formato ya trae su propio ritmo. Y por eso es de las actividades para empresas originales que más se repiten año tras año en los mismos equipos: una vez que funciona, nadie quiere volver al pádel.

 

Cuándo el vino no es la mejor opción para tu equipo

Aquí conviene ser honestos, porque no todo lo que hacemos en Lo Catamos empieza necesariamente por el vino. Si en tu equipo hay un porcentaje alto de personas que no beben alcohol, o si el grupo es muy joven y con poco recorrido con el vino, forzar la cata puede generar exactamente el efecto contrario al que buscas: gente que se siente fuera del juego desde el primer minuto.

En esos casos tiene más sentido mirar otro formato dentro del team building con catas: una cata de cerveza, con una barrera de entrada mucho más baja, o un taller de gin tonic, donde el propio grupo prepara su cóctel y la actividad es más manual que sensorial. Lo importante no es el vino como producto, sino el mecanismo que lo hace funcionar: percepción compartida, ausencia de jerarquía y una pregunta abierta que todo el mundo puede responder desde su propia experiencia. Ese mecanismo se replica con otras bebidas sin perder nada de su efecto.

Lo que sí recomendamos evitar es elegir el producto antes de conocer al grupo. Un equipo de treinta años de media con curiosidad por el vino disfruta un formato distinto al de un equipo de veintitantos recién llegado a la empresa. Preguntar antes de reservar ahorra más de un chasco.

 

Preguntas frecuentes

¿Cuántas personas hacen falta para organizar una cata de vino de empresa?

Trabajamos desde grupos de 15 personas hasta eventos de varios cientos, aunque la dinámica cambia según el tamaño. Con grupos pequeños, de hasta 30 o 40 personas, la conversación fluye entre todos con facilidad. Con grupos grandes, lo que mejor funciona es dividir en mesas y dejar que el sumiller vaya recorriéndolas, para que nadie quede fuera de la conversación.

¿Qué pasa si hay compañeros que no beben alcohol?

Se contempla sin ningún problema: se pueden incluir referencias sin alcohol o adaptar parte de la experiencia para que esas personas participen igual en la parte de percepción y conversación, que es donde realmente ocurre el efecto de cohesión. Avisarnos con antelación permite integrarlo en el diseño desde el principio, no como un parche de última hora.

¿Se puede combinar la cata con otra actividad de team building?

Sí, y es habitual. Funciona muy bien como apertura de una jornada más larga o como cierre relajado después de una sesión de trabajo intensa. También se integra sin fricción en eventos con varias dinámicas de grupo para equipos, siempre que se le reserve un tiempo propio y no se apriete entre dos actividades seguidas.

¿Cuánto dura una cata de vino para empresa y a qué hora funciona mejor?

Organizamos catas de entre 30 y 120 minutos según las necesidades de cada empresa. Funciona bien a media tarde, como cierre de la jornada laboral, y también como aperitivo antes de una cena de equipo. Lo que menos recomendamos es hacerla a primera hora de la mañana, cuando el grupo todavía no está del todo despierto para la parte sensorial.

 

El hielo no se rompe solo: alguien tiene que servir la primera copa

Puedes seguir probando dinámicas de grupo que se anuncian como rompehielos y que en la práctica generan más incomodidad que la que resuelven. O puedes darle al equipo una excusa real para hablar, sin pedirle que actúe ni que se exponga antes de estar listo. Organiza con Lo Catamos una cata de vino para tu equipo.

 

Comparte en tus redes sociales
Facebook
Twitter
LinkedIn
Buscar
Categorías

Lo último catado

Catas, Talleres y Maridaje a Medida | Consultores | Lo Catamos
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.