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Cómo hacer una cata para 80 personas sin convertirla en una conferencia

Ochenta personas, ochenta copas y una sola voz con micrófono. Pensado así, tiene todos los ingredientes para salir regular: la primera fila atiende, la del fondo contesta correos y el del medio se pregunta cuándo sirven la siguiente. Una cata para grupos grandes no es una cata pequeña con más sillas. Pide otro ritmo, otra distribución y otra manera de repartir la palabra. Vamos por partes.

 

Qué es una cata para grupos grandes (y por qué no es una cata pequeña ampliada)

Una cata para grupos grandes es una degustación guiada pensada para decenas de personas a la vez, en la que la distribución de la sala, el servicio y el ritmo se diseñan para que todo el mundo cate y participe, no solo quien está cerca de quien guía. La diferencia con una cata de quince personas no es de cantidad. Es de arquitectura.

Con quince personas, la conversación circula sola alrededor de una mesa. Con ochenta, si no se diseña, no circula nada. Se forma un escenario y un público, y lo que debía ser una cata para eventos corporativos se convierte en una charla con copa. Técnicamente, se ha catado. En la práctica, se ha escuchado.

 

El enemigo se llama formato conferencia

Sabes que tu cata se ha convertido en conferencia cuando pasan tres cosas. Las sillas miran todas hacia el mismo sitio. Solo habla una persona. Y la pregunta «¿qué notáis en este vino?» obtiene como respuesta un silencio de ascensor.

No es culpa de nadie. Es lo que pasa cuando se traslada el esquema de una convención (ponente, auditorio, turno de preguntas) a una actividad que funciona justo al revés. Una cata vive de que la gente pruebe, compare y comente. Si el diseño solo deja escuchar, la cata se apaga por mucho que el producto sea bueno.

La buena noticia es que casi todo se arregla antes del evento, con decisiones bastante prosaicas: cómo se colocan las mesas, cuándo llega cada copa y a quién se le da la palabra.

 

Distribución: mesas, no filas

Primera decisión, y la más visible. Las filas de sillas convierten a los asistentes en público. Las mesas los convierten en participantes. Con ochenta personas, repartirlas en mesas de pocos comensales crea algo parecido a ocho o diez catas pequeñas funcionando a la vez, conectadas por una misma guía.

En cada mesa pasa lo que tiene que pasar: alguien huele, alguien opina, alguien discrepa. Y quien guía la cata ya no le habla a una masa, sino a varias conversaciones que luego pueden compartir lo que han encontrado.

Conviene también pensar en la visibilidad y el sonido. En una sala grande, una voz sin micrófono no llega al fondo, y la mesa que no oye se desconecta en diez minutos. No es glamuroso, pero la megafonía decide más catas de las que parece. Si trabajas con una agencia de eventos o con un espacio que ya tiene equipo técnico, es una de las primeras cosas que conviene cerrar.

 

Servicio y materiales: que la copa llegue antes que el aburrimiento

Aquí viene la parte que se subestima. Haz la cuenta: 80 personas y 4 referencias son 320 servicios. Si cada muestra fuera de 5 centilitros, una botella de 75 daría para 15 copas; necesitarías más de 20 botellas solo para ese ejemplo. Y todo eso tiene que llegar a las mesas a su hora, en orden y sin que nadie se quede mirando una copa vacía mientras los demás ya van por la siguiente.

Por eso en grupos numerosos el servicio no se improvisa. Hay que decidir si cada mesa tiene sus referencias preparadas de antemano o si se sirven por rondas, cuántas personas del equipo de cata estarán en sala y cómo se sincroniza el servicio con la explicación. Son preguntas perfectamente razonables para hacer al proveedor antes de firmar nada.

Los materiales también cambian. En una cata de aceite, por ejemplo, Lo Catamos trabaja con recipientes de plástico y pan artesano entre aceites: una decisión práctica cuando hay mucha gente moviéndose entre mesas. En el taller de coctelería, cada participante tiene su mantel de cata, su copa de cristal y sus herramientas. Material individual significa que nadie espera turno para participar.

 

Ritmo: cómo se mantiene despierta una sala de 80

Una cata corporativa puede durar entre 30 y 120 minutos. Con grupos grandes, el reto no es llenar ese tiempo, sino repartirlo bien. Ochenta personas tardan más en recibir, en probar y en comentar que quince. Si el guion está calculado para un grupo pequeño, se alarga sin querer o, peor, se recorta por el final.

Lo que funciona es alternar. Un poco de explicación, un rato de cata en la mesa, una puesta en común breve. Y vuelta a empezar. Esa alternancia evita el efecto conferencia, porque nadie pasa más de unos minutos seguidos solo escuchando.

También ayuda mirar el reloj del evento, no solo el de la cata. Justo antes de una cena, el hambre acorta la paciencia de cualquiera. Como cierre de una jornada larga de convención, la sala llega cansada, pero más suelta. Ya contamos en otro artículo cómo se calcula la duración de una cata de empresa; con ochenta personas, esa cuenta pesa todavía más.

 

Participación: que hable alguien más que la primera fila

En un grupo grande hay tres perfiles fijos: quien lo comenta todo, quien no dice nada y quien comenta en voz baja con el de al lado lo que no se atreve a decir en alto. El objetivo es que el tercero hable, y que el segundo, al menos, lo pase bien.

Las mesas ayudan, porque rebajan el miedo escénico: no es lo mismo opinar ante cinco compañeros que ante ochenta. Otra idea que funciona es pedir a cada mesa una conclusión en lugar de preguntar a personas sueltas. «¿Qué ha encontrado vuestra mesa en este vino?» genera respuestas. «¿Alguien quiere comentar algo?» genera silencio.

Y si el grupo necesita un empujón extra, el juego es un gran aliado. Los formatos de team building de Lo Catamos, como el Trivial de Vinos o el Trivial de Cervezas, están pensados para grupos desde 30 personas. Con equipos y un marcador de por medio, la participación deja de ser un favor y pasa a ser estrategia.

 

Qué producto aguanta mejor un grupo numeroso

No hay una respuesta única, pero sí algunas pistas. El aceite tiene la barrera de entrada más baja: todo el mundo lo usa a diario y nadie llega sintiéndose fuera de lugar. Además, no lleva alcohol, lo que simplifica las cosas en grupos muy diversos. La cerveza y el vino dan mucho juego para la conversación por mesas. Los cócteles añaden la parte manual, que mantiene las manos y la atención ocupadas.

Si el grupo grande no está en la misma sala, existe otra opción. La cata virtual de Lo Catamos ha tenido sesiones con más de 85 asistentes a la vez, con kits enviados por transporte urgente y emisión desde plató propio. En virtual, eso sí, el menú es cerveza, gin-tonic, cócteles y vermut; el vino se queda para el formato presencial.

 

Preguntas frecuentes

¿Hay un máximo de personas para una cata para empresas?

No hay un aforo máximo publicado. El mínimo facturable para una cata para empresas es de 15 personas, y los formatos de team building parten de 30. Por encima, cada caso se estudia según el espacio, el tiempo disponible y el formato que tenga sentido para ese grupo.

¿Se puede hacer una cata para 100 personas en una convención?

Se puede plantear, siempre que el diseño esté pensado para ese volumen: mesas en lugar de filas, sonido que llegue al fondo, servicio sincronizado y un ritmo que alterne cata y conversación. Los detalles concretos para un grupo así conviene cerrarlos en la propuesta.

¿Cuánto debe durar una cata para un grupo grande?

La horquilla habitual de una cata corporativa va de 30 a 120 minutos. Con grupos numerosos, cada paso tarda más, así que un formato muy corto puede quedarse en la superficie. Lo sensato es partir del hueco que deja la agenda del evento y ajustar el número de referencias a ese tiempo.

¿Qué actividad funciona para grupos grandes de empresa si hay gente que no bebe?

Candidata natural: la cata de aceite, con 5 aceites de oliva virgen extra de variedades españolas, alrededor de 60 minutos y ni una gota de alcohol. Para otras opciones, lo mejor es comentarlo al pedir la propuesta.

¿Dónde se puede organizar?

En la Península Ibérica y Baleares, con bases operativas en Barcelona, Valencia, Madrid, Málaga, Sevilla y Murcia. Lo Catamos lleva organizando catas y talleres desde 2009, con más de 5.000 actividades realizadas.

 

Ochenta personas, una sola conversación

Una cata para 80 personas puede ser una conferencia con copas o una sala llena de conversaciones que suenan a la vez. La diferencia no está en el vino, ni en el aceite, ni en la cerveza.

Está en las mesas, en el servicio, en el ritmo y en cómo se reparte la palabra. Si tienes un evento grande en la agenda y quieres que la cata para grupos grandes sea la parte de la que se habla después, empieza por ahí. Pide tu cata para grupos grandes a Lo Catamos.

 

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