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Una caja, varias ciudades y el mismo brindis: así funciona una cata virtual

Diez pantallas, diez ciudades, y en cada mesa la misma caja cerrada con la misma referencia dentro: así arranca una cata virtual para empresas cuando está bien montada. Alguien siempre pregunta si hay truco de por medio. No lo hay: es logística con nombre y apellido, un plató con luz de televisión y una furgoneta currándoselo la semana anterior. Y cuando treinta personas brindan a la vez sin pisar la misma sala, ese brindis suena tan real como cualquier otro.

 

Qué es una cata virtual para empresas y en qué se diferencia de una videollamada con copas

Una cata virtual para empresas es una actividad de team building en la que un sumiller o bartender guía en directo, por videoconferencia desde un plató profesional, la degustación de un producto mientras cada participante recibe antes del evento, en su domicilio o en la oficina, una caja idéntica con las mismas referencias y los mismos materiales que el resto del grupo. No es una charla con la cámara encendida y una copa de fondo: es una sesión con guion, luz de estudio y todo el mundo probando lo mismo en el mismo instante.

La diferencia entre quedar por videollamada y que cada uno abra lo que tenga en casa es más grande de lo que parece. Cuando cada participante trae lo suyo, la conversación se rompe enseguida: uno describe una IPA, otro una lager, y quien guía tiene que hablar en abstracto porque nadie está probando lo mismo. Cuando la caja es idéntica para todos, el grupo entero cata la misma referencia en el mismo segundo, y eso es lo que hace posible la conversación real: “¿Tú también notas ese punto amargo?” solo funciona si los dos tenéis exactamente lo mismo delante.

En Lo Catamos llevamos desde 2009 organizando catas y talleres para empresas, entre formato presencial y virtual. El formato virtual no es un sucedáneo del presencial pensado para salir del paso durante una pandemia que ya quedó atrás: se ha quedado porque resuelve un problema muy concreto que las empresas con equipos distribuidos tienen todo el año, que es cómo reunir a gente que físicamente no puede estar en la misma sala sin que la actividad se note como premio de consolación.

 

El plató, el kit y la furgoneta: así llega la misma caja a varias ciudades el mismo día

Aquí está la parte que nadie ve desde casa y que es, en realidad, la que hace posible todo lo demás. La sesión se emite desde un plató propio, con iluminación de televisión y conexión estable —nada de un portátil apoyado en una estantería—, y antes de fijar la fecha recogemos las direcciones de envío de cada participante: casa, oficina, coworking, donde vaya a estar ese día. No hace falta que coincidan en la misma ciudad: repartimos cajas a equipos con sede en distintos puntos de España —Barcelona, Madrid, Valencia, Alicante y bastantes más— para el mismo evento, sin que eso complique la logística.

Cada caja sale seleccionada con cuidado, con las referencias que toque catar y, si el presupuesto lo permite, algo para picar entre trago y trago: aperitivos Espinaler o charcutería de pequeños productores envasada al vacío, para que la experiencia no se quede solo en beber y escuchar. El envío corre a cargo de transporte urgente —normalmente MRW— para que nada se retrase ni llegue tarde a la cita en pantalla.

¿Y si alguien cambia de dirección a última hora o se suma fuera de plazo? Pasa más de lo que uno pensaría, sobre todo en equipos grandes. Hay margen para gestionarlo, aunque cuanto antes se avise, menos nervios genera en la última semana antes del evento.

 

Qué se puede catar en formato virtual (cerveza, gin-tonic, cócteles y vermut)

No todos los productos del catálogo de Lo Catamos están pensados para el formato virtual, y conviene decirlo con claridad porque suele ser de las primeras preguntas que hace cualquier responsable de RRHH que está mirando opciones. En remoto, las cuatro propuestas que mejor funcionan son la cata de cervezas, el taller de gin-tonics, la cata de cócteles y la cata de vermuts: productos con margen para la parte más manual —mezclar, servir, ajustar— que en pantalla se convierte en parte del espectáculo, no solo en degustar y opinar.

El gin-tonic y los cócteles, en concreto, funcionan especialmente bien en remoto porque cada participante monta su propia copa en directo siguiendo al bartender, y ese punto de “estoy construyendo algo con mis manos mientras hablo con mis compañeros” es lo que más rescata a la gente de la fatiga de las videollamadas. El vermut, con su punto de aperitivo, encaja de maravilla como actividad de viernes a media tarde o como cierre ligero antes de un evento más largo.

 

Qué pasa en la pantalla: de la caja cerrada a la sala llena de gente hablando a la vez

El momento de abrir la caja en directo es, sin exagerar, el mejor arranque posible para una sesión. Quien guía da la señal, cuenta hasta tres, y treinta personas en pantallas distintas rasgan el mismo papel a la vez. Siempre hay quien reacciona de más, quien lee la ficha antes de tiempo, quien pregunta en el chat si el vaso se lava después o se tira. Ese primer minuto de caos compartido rompe cualquier rigidez que quedara de la reunión anterior.

A partir de ahí, la dinámica se parece bastante a una cata presencial trasladada a la pantalla, con algunos ajustes que hacen que funcione mejor en remoto de lo que uno esperaría. Quien guía presenta cada referencia con contexto breve —origen, proceso, qué buscar— y después abre turno de palabra, apoyándose en el chat para leer en voz alta lo que la gente escribe, porque en una videollamada grande no todo el mundo puede hablar a la vez sin que se convierta en ruido. En grupos numerosos, dividir en salas más pequeñas durante algún tramo ayuda a que la conversación no se quede solo en manos de los más habladores. Lo hemos hecho con sesiones de más de 85 personas a la vez, y funciona —aunque cuanto más grande el grupo, más ensayado tiene que estar el guion.

Lo interesante es que la pantalla, que en tantas reuniones de trabajo funciona como barrera, aquí actúa casi al revés: cada recuadro es una copa distinta con una persona distinta detrás, y ver treinta caras reaccionando en tiempo real a lo mismo genera una sensación de grupo que una llamada normal no consigue ni de lejos.

 

Cuándo tiene más sentido una cata virtual que una presencial

No siempre. Y conviene decirlo con claridad porque parte de nuestro trabajo es recomendar el formato correcto, no vender el que más margen deja. Si todo el equipo trabaja en la misma ciudad y puede reunirse físicamente sin coste ni esfuerzo desproporcionado, casi siempre una cata presencial da más juego: hay contacto real, aromas compartidos en el mismo espacio, esa energía de sala que la pantalla no reproduce igual.

La cata virtual gana terreno cuando el equipo está repartido de verdad: empresas con oficinas en varias ciudades, equipos mayoritariamente remotos que casi nunca coinciden en persona, procesos de integración tras una fusión donde dos plantillas que aún no se conocen necesitan un primer punto de contacto informal. También funciona bien como actividad puntual dentro de un kickoff anual con gente que solo se reúne una vez al año, o cuando el presupuesto de viajes no da para reunir a todo el mundo, pero sí para enviar treinta cajas.

Hay un terreno intermedio que también resulta útil: equipos híbridos, donde una parte está en la oficina y otra en remoto. Ahí la cata virtual iguala el terreno de juego, porque nadie tiene ventaja de estar “en la sala buena”: todos catan desde su propia caja, estén donde estén. Son actividades para empresas originales precisamente porque no intentan simular una reunión presencial en pantalla: aceptan que el formato es otro y sacan partido de eso.

 

Preguntas frecuentes

¿Cuántas personas pueden participar en una cata virtual a la vez?

El mínimo son 10 personas y no hay techo real: hemos llevado sesiones con más de 85 asistentes a la vez. Con grupos grandes recomendamos incorporar salas paralelas en algún tramo, porque mantener la conversación fluida con ochenta personas hablando en la misma videollamada es prácticamente imposible, virtual o no.

¿Qué se puede catar en formato virtual?

Cerveza, gin-tonic, cócteles y vermut son las cuatro opciones pensadas específicamente para el remoto. El vino y otros formatos más delicados de transportar y servir los reservamos para sesiones presenciales, donde el control de temperatura y manipulación es mucho más sencillo.

¿Hasta dónde enviáis las cajas para una cata virtual?

Repartimos por toda España —Barcelona, Madrid, Valencia, Alicante y bastantes ciudades más— usando transporte urgente para que todo el mundo tenga su caja lista antes de la sesión.

¿Cuánto dura una sesión de cata virtual para empresa?

Se ajusta al número de referencias y al tipo de dinámica que se incluya; en pantalla la atención tiene un límite más estricto que en una sala física, así que preferimos sesiones bien ritmadas antes que alargar de más.

 

El brindis que sí llega a todas las oficinas

Un equipo repartido en distintas ciudades no tiene por qué quedarse sin ese momento de brindis compartido que en oficina única sale casi solo. En Lo Catamos diseñamos cada sesión desde nuestro propio plató, pensando precisamente en equipos que rara vez coinciden en la misma sala. Con la logística resuelta y una buena guía en directo, la distancia deja de ser el problema. Si quieres montar una cata virtual con tu equipo, organiza con Lo Catamos vuestra cata virtual para empresas.

 

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