Cuando alguien nos llama para organizar una cata para su empresa, la primera pregunta que hacemos no es “¿vino o cócteles?”. Es “¿qué quieres que pase en esa sala?”. La bebida viene después. Siempre.
El error de empezar por el producto
Hay una forma habitual de buscar una cata para empresa que más o menos va así: “Queremos hacer algo diferente para el equipo. ¿Qué tipos de cata tenéis?” Y entonces viene la lista de opciones: vino, cerveza, gin tonic, cócteles, aceite, whisky. El cliente elige la que le parece más interesante o la que cree que va a gustar más, y se contrata. En Lo Catamos lo hacemos diferente.
No es que ese proceso esté mal. Pero empieza por el sitio equivocado.
El producto no es el punto de partida: es la conclusión. La bebida que tiene más sentido para una experiencia concreta emerge de entender bien qué se quiere conseguir, quién es el grupo y en qué contexto se va a hacer la cata. Cuando esas tres cosas están claras, la elección del producto casi se hace sola. Y cuando no están claras, cualquier elección tiene el mismo grado de acierto que tirar una moneda.
Esta es la diferencia entre contratar una cata y diseñar una experiencia. Y las tres preguntas que siguen son las que hacen posible lo segundo.
Primera pregunta: ¿cuál es el objetivo real de la cata?
La cata puede tener objetivos muy distintos, y no todos los formatos sirven para todos los objetivos. Aclararlo desde el principio ahorra tiempo y asegura que la experiencia hace lo que tiene que hacer.
Si el objetivo es conectar a personas que no se conocen bien, lo que necesitas es un formato participativo que genere conversación y elimine la distancia. Las catas competitivas o muy estructuradas no funcionan tan bien aquí. Lo que funciona es un formato abierto, con tiempo para el intercambio de percepciones, sin presión de “acertar”. El producto también importa: cuanto más accesible sea de entrada, más fácil es que todo el mundo participe desde el primer minuto.
Si el objetivo es celebrar un logro o cerrar un año, el tono cambia. Se busca algo que se perciba como especial, un poco más sofisticado, que genere la sensación de que la empresa ha querido hacer algo distinto para ese momento. Ahí sí tiene más sentido subir el nivel del producto y trabajar el storytelling alrededor de la selección.
Si el objetivo es dinamizar una jornada de empresa donde la cata es una actividad más dentro de un programa más amplio, la duración y la energía del formato tienen que encajar con lo que viene antes y después. Una cata de hora y media después de una mañana de presentaciones necesita ser activa y divertida. Una cata al inicio del día puede funcionar como elemento de activación si el ritmo es el adecuado.
Si el objetivo tiene un componente de comunicación interna —un lanzamiento de producto, un cambio de etapa, un mensaje que la empresa quiere transmitir—, la cata puede estructurarse como un hilo narrativo que lo soporte. No como un anuncio, sino como una experiencia que construye contexto.
Segunda pregunta: ¿quién es el grupo?
El grupo determina el tono, el nivel de la explicación, el ritmo y, muchas veces, el producto. No es lo mismo una cata para un equipo de ventas joven, acostumbrado al dinamismo y la competitividad, que una para el consejo de administración de una empresa familiar. No es lo mismo un grupo de treinta personas que lleva años trabajando juntas que uno de cien donde la mitad no se conoce.
Hay tres variables del grupo que más influyen en el diseño de la cata:
El nivel de conocimiento previo. Un grupo con mucho conocimiento de vino puede frustrarse con una cata introductoria que va demasiado despacio. Un grupo sin ningún conocimiento puede bloquearse si el nivel técnico es alto desde el principio. No hay un punto óptimo universal: hay que calibrar la progresión para que todo el mundo sienta que está aprendiendo algo sin sentirse sobrepasado ni aburrido.
La mezcla de perfiles. Un grupo homogéneo —todo el mismo departamento, todo el mismo rango— tiene una dinámica distinta a uno heterogéneo con mezcla de jerarquías, edades o áreas de la empresa. En los grupos heterogéneos, la cata puede funcionar como nivelador muy potente. En los homogéneos, puede profundizar relaciones que ya existen, pero que tienen margen de crecer.
Las restricciones. No cuesta nada preguntar si hay personas que no consumen alcohol o que tienen alergias relevantes. Un grupo donde el veinte por ciento no bebe necesita una alternativa que no haga que esas personas se sientan al margen. Hay formatos que resuelven esto con elegancia; hay formatos que no lo contemplan. Saberlo de antemano cambia completamente el planteamiento.
Tercera pregunta: ¿cuál es el contexto del evento?
La misma cata funciona de forma muy distinta dependiendo del contexto en que ocurre. El espacio, la duración disponible, el momento del día y lo que viene antes y después son variables que afectan tanto al diseño del formato como al producto elegido.
El espacio no solo importa por capacidad. La altura del techo, la iluminación, si hay mesas largas o redondas, si hay cocina integrada o no, si es un espacio propio de la empresa o un venue externo: todo eso afecta a la sensación de la experiencia y a lo que es logísticamente posible. Una cata de cócteles necesita una infraestructura de preparación que una cata de vino no requiere. Una cata en el exterior con luz natural tiene un ambiente distinto a la misma cata en una sala cerrada.
La duración disponible pone un techo al número de referencias y a la profundidad de la experiencia. No se puede hacer una cata honesta de seis vinos en cuarenta y cinco minutos. Se puede hacer una experiencia de dos referencias muy bien explicadas. Lo importante es no intentar meter más de lo que cabe: una cata que termina con prisas deja peor recuerdo que una más corta pero bien rematada.
El momento del evento afecta al estado del grupo. Por la mañana, la gente está más concentrada, pero menos desinhibida. Por la tarde, más relajada, pero posiblemente más cansada. Después de una comida, con menos capacidad de percepción sensorial. Antes de una cena, como aperitivo, con una energía específica que hay que aprovechar. Cada momento tiene sus ventajas y sus limitaciones, y el diseño de la cata puede trabajar con ellas.
Cómo cambia la cata según las respuestas
Para que esto no quede en teoría, un ejemplo concreto.
Mismo cliente, dos escenarios distintos. Una empresa de tecnología con cien empleados quiere hacer una actividad para el cierre del primer semestre. En el primer escenario, el objetivo es celebración, el grupo es heterogéneo con rango de edades amplio, el espacio es una terraza al aire libre al final de la jornada laboral y hay personas que no consumen alcohol. En el segundo escenario, el objetivo es conectar a los equipos de dos sedes que acaban de fusionarse. El grupo son cuarenta personas que no se conocen, el espacio es una sala de reuniones estándar y la actividad es a las seis de la tarde justo antes de la cena.
Misma empresa. Presupuesto similar. Las dos catas no tienen nada que ver.
En el primer caso, el formato más adecuado es amplio, festivo y con opciones sin alcohol bien integradas. El producto puede ser variado para dar opciones. El ritmo es alto, con más espacio para el disfrute que para la explicación técnica.
En el segundo, el formato tiene que estar diseñado específicamente para crear intercambio entre personas que no se conocen. La estructura de la cata tiene que provocar conversación deliberadamente. La duración tiene que dejar espacio suficiente para que eso ocurra, pero terminar antes de que la gente llegue a la cena saturada.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo lleva diseñar una cata a medida?
Si tienes claras las respuestas a las tres preguntas, el proceso de diseño es rápido. En una primera conversación de veinte o treinta minutos podemos definir el formato, el producto y la estructura. Lo que alarga el proceso es cuando el objetivo no está bien definido o cuando hay muchos decisores internos con criterios distintos.
¿Qué pasa si el grupo tiene gustos muy distintos?
Es lo más habitual. Una cata bien diseñada no necesita que todo el mundo tenga los mismos gustos: necesita que haya suficiente variedad de referencias para que todo el mundo encuentre algo que le interese. La diversidad de preferencias no es un problema; es lo que hace que la conversación sea interesante.
¿Es más caro un formato personalizado que uno estándar?
No necesariamente. El diseño a medida no implica siempre un coste mayor: implica una conversación previa más detallada. Hay formatos muy accesibles que funcionan muy bien cuando están bien calibrados para el grupo. Y hay formatos aparentemente más prémium que no rinden porque no están pensados para ese contexto concreto.
La cata que necesitas empieza por aquí
Si tienes un evento en mente y no sabes muy bien qué tipo de cata encaja, la respuesta más útil no está en el catálogo de productos: está en las tres preguntas de este artículo. Cuéntanos qué quieres que pase en esa sala y en Lo Catamos hacemos la propuesta perfecta para ti.





